martes, 24 de mayo de 2016


LA ÚLTIMA INOCENCIA 
Partir 
en cuerpo y alma 
partir. 

Partir 
deshacerse de las miradas 
piedras opresoras 
que duermen en la garganta. 

He de partir 
no más inercia bajo el sol 
no más sangre anonadada 
no más fila para morir. 

He de partir 

Pero arremete ¡viajera! 


Escribí esta nota hace ya unos meses, creía que llegaría a sus manos el día que me fuera, pero no. Accidentalmente (y obvio, con un poco de voluntad propia) la leyó. Al principio sentí mucha vergüenza, pero al cabo del rato, comprendí a la fuerza que aquella que escribía era yo, Anabel. No se podía dejar de escapar aquella oportunidad de abrirle aún más mi mundo. Entre las voz ronca y alguna que otra lágrima, recite las palabras que habían sido escritas para una despedida, pero no lo fueron, más bien fueron otra bienvenida.

"Voy a decirte la verdad, ser franca un poco más, hablando con total convicción de lo que soy. Apariencia no me asemejo como mi ideal de persona, soy otra, otra algo temerosa de la gente, otra alejada del mundo, otra que quiere ser única en tu mundo, que te quiere ver como si fueras una hoja en blanco y yo, la otra una birome que escriba sobre vos, que escriba sobre mi. Soy otra que te quiere, que te mira como un océano profundo en la noche, que te ve sin horizonte, que te aprecia turbio y también sereno. Pero que no te quiere de día, no quiere ver en vos los peces que nada junto a ella, no desea comprender tu faceta con luz, te quiere de noche donde a si misma logra reflejarse, como la luna, que es la única que mantiene su reflejo en el horizonte de tu océano. Esa quiero ser yo, Anabel."

Descripción de domingo por la tarde.


Seguido al ruido molesto que asotaba la cocina mientras el agua hervía, pensé atentamente en la figura del hombre. La visualice antropomorfa, mitad hombre, mitad ave. Con un carácter algo peculiar salido del común de "hombres-pájaros" que suelo ver sobrevolar mi cuadra. Yo también desee verme así "mujer-pájaro" y volar el crudo tejado de su casa. ¿Será cierto que somos aves que vuelan ciudades alejadas de su hogar? La tierra, aquel lugar inhóspito, repleto de vergüenzas y cosificaciones, nunca ha sido, a mi parecer, un buen sitio donde armar nido. Entonces, ¿Cómo hacemos para juntarnos, si en el cielo volamos solos? Habrá que crear alguna teoría, no debe ser complejo. Si miramos las abejas, ellas vuelan recolectando el polen juntas, danzas invitando a sus pares a hacer el amor apasionadamente sobre racimos de pétalos... (continuara)

Prosa con aroma a tabaco.


El reloj suena,
la ceniza quema mi tiempo.
Ya no es la sombre la que me recuerda
el tiempo esfumado.
Las vías del tren figuran la memoria
que aún prevalece en mi latir.

Desconozco quienes me miran,
miro mis uñas partirse  y te veo.
Hablan de si, yo los escucho y observo mis uñas.
¿A dónde van ellos?

Yo voy con el contar del reloj, buscando sentirme parte de este vagón.
El pasto mojado, viejo camino de mi barrio
que huele a cenizas. 

Descripción

Te miro y mis ojos se abren como ventanas,
el paisaje es tan hermoso.
Corro entre la arboleda.
¿Por qué será que te veo y deseo verme a mi?

Porque te tengo y no.

Abrázame como el sol abraza mi ventana,
abrázame como los ojos dilatan las lágrimas,
abrázame como abraza el aire mi cuerpo,
abrázame sin temor a irte de vos.

Luz, ojos entre abiertos, luz roja.
Mirada perdida, respiración lenta.
Ojos entre abiertos, manos sostienen mis caderas.
Frío entre mis piernas, reflejo de tu cuerpo.
vino, aroma a vino, besos saben a vino.
Humo, nuetras miradas duermen
Semen, baño, amo.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

¿Alguien que quiera leerme?


QUE RESPONDA.
No encuentro sentido a lo que soy. Me miro al espejo y por momentos no reconozco mis pensamientos. Algo mío se modifica, algo quiere salir, debe irse, marcharse de mi cuerpo, mi alma. Ya no desea comas ni puntos suspensivos, solo un poco y comenzar la oración abajo. Escribir de nuevo con tinta color desconocida. Me miro y tengo miedo, tengo miedo de mi, de lo que voy a ser. ¿Por qué siempre tendré estos miedos? Algo se abre y me sonríe, me deja sola pero no tanto. No siento soledad, siento melancolía, excitable melancolía. Me cantan como pájaros a lo lejos y piden que las siga, que vuele con ellas. ¿Por qué esta habitación encierra tanto mi oxigeno? Necesito respirar más, o quizás inhalar más de ese perfume que me duerme. Tal vez ingiero este trago como si fuera mi trago favorito y no lo es. No se asemeja  a lo que quiero para mi, y al fin no se que quiero. ¿Quiero un idiota?. Partes de mi me piden que no, gritan "por favor, no vuelvas a pisar, no vuelvas a irte". Esta ficción me golpea, me golpea este trago nuevo, este latir que no puedo manejar, me cachetea el verte sentado junto a mi. Me voy, y me olvido de que tal vez por momentos quiero volver a ser Brenda. Y olvidar, amputarme a mi misma me hace bien. Me libero de lo que no quiero de ser y soy lo que siempre quise. 
Flaco no me hables de amor si yo se bien que a tu boca la endulzas con edulcorante.

Y que en tu puto placar escondes cuerpos disecados, no me hagas quedar como una loca. 
Porque yo se muy bien que el maquillaje que llevas puesto es mío y que si hoy los gatos te miran con ternura es por la grasa que dejo este amor.

De esta soga me agarro firmemente, 
No quiero de nada surrealista para dormir, sólo un vino amargo y a la cama.
Te dejamos con el miso deseo.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Siento que después de todo, aún quedan esperanzas libradas al azar. Es mi deber unirlas y hacerlas mías.
¿Qué consecuencias hubiesen pasado si te hubieras quedado?
Quedado en el tiempo, que no es tiempo, sino mi alivio, la actitud cerebral de inventarte.  
Ya no se puede quitar este fuego.
La intencionalidad del seguir,
el causal de esta denominada especie.
Julian no miraba más allá de los ojos muertos, iba a foto, a la carne compacta. Miraba asombrado realidades que no lo representaban y por ende difícilmente  se contextualizaba en el barrio bajo. Ese barrio con aroma a hojas mojadas en primavera, un contexto del cual hay que recrear todo como si fuera el comienza de una nueva clase en la facultad.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Me endulza el corazón escuchar Frank Sinatra y recordarte bailar junto a mi, verte todo el futuro 

ambiguo y desear que jamás se pierdan esos momentos. Recordarte con una sonrisa.
Siento la angustia de no tenerte, la soledad de verte de lejos sin poder tocarte. Mis brazos se alargaron para sostener tu cuello que ya no es mio. Estoy enloqueciendo vida, tirame una línea.
Comencé a perderme durante la clase en inevitables consecuencias de ser así. Sentirme a mi misma una cosa, un objeto de paso para alguien, no ser escuchada, tenida en cuenta. Ser el pasatiempo absurdo de un hombre que busca en cada cuerpo una gota de cariño. Yo tengo que ocupar ese lugar? Tantos años siendo amada y amando, sintiendo la sangre correr por mis venas que debo limitarme a ser eso para él y para todos los que pasaron y pasaran por mi cuerpo. Quiero dejar en claro que esto que siento no se remite solo a uno o a alguien en particular, lo vengo sintiendo de todos los que se han acercado a mi con esa única intención barata y concreta. No deseo ser más de lo que soy, por más que mi coraza no deje ver mi interior, hay ciertas cosas que he dejado en claro sobre la mesa y aún así, han sido sobrepasadas, tenidas a menos, borradas. Tengo que creer que soy poco mujer, que no me he valorado y por eso me tengo que fumar las consecuencias? Si tuviese que seguir ese discurso retrogrado, hoy estaría mortificándome de culpas por no ser la mujer que la sociedad construyo sobre mi, viví mi vida mi libertad como la naturaleza me la ha dado y cuál es el error?.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Dame una palabra.



Vi la sortija muriendo en el carrusel.

Hoy hace un año, para esta misma hora me encontraba sentada en el living de mi casa llorando desconsoladamente frente a la pantalla del televisor, viendo como te ibas de nuestras manos. Hacia un mes que feliz espera verte volver, con cada palabra de aliento, cada pequeño movimiento que comenzabas a realizar te esperábamos, sin saber que aquellos destellos eran tan sólo pequeños saludos. Ya sabías que no volverías y quisiste que todos comenzáramos a recordarte. Nos diste la esperanza pero el adiós fue más fuerte y dejaste, dejaste este plano para hacerte infinito, eterno. Más allá de aquel mayo del 2010 que renunciaste a tu cuerpo, siguió la espera de que algún día retomaras de la forma que fuera, pero volvieras. Te fuiste como un grande, como un prodigio que nació para dejarnos su cicatriz de esas que no logran irse jamás.
Estoy tan triste de no poder volver a verte sonreír o escucharte cantar. Siempre estarás en mi Gustavo, vaya a donde vaya te llevaré dentro de mi. Crecí, aprendí, lloré y creí, todo de tu mano y hoy, como hace un año, te digo adiós.

miércoles, 19 de agosto de 2015

VOS PODES HACER LO QUE VOS QUIERAS HACER, PERO NUNCA TE OLVIDES DE NUESTRA ESPERA.



Julián ronronea

La primera tarde que salimos estuvo repleta de incomodos silencios que no podía borrar, tampoco quería hacerlo. Después de mucho tiempo comprendí que el rutinario silencio entre ambos era una de las formas en las cuales mejor nos entendíamos. Gozábamos de las miradas, las muecas y el tibio rose para hacer los diálogos más llevaderos. Pero como dije, esto lo comprendí mucho tiempo después de convivir con ellos y no sentirlos de una forma sana. La había visto reiteradas veces entrar a la librería observando atento sus movimiento, las expresiones que manifestaba su rostro al encontrar algo dentro de algún libro que le llamase la atención y luego de aquella corrida ágil y algo kamikaze, sentía mucho temor e incertidumbre hablar con ella en otro contexto que no fuese la librería. Pasaron dos semanas en las cuales ella no volvió a pisar el local y lo entendía, un loco la había perseguido varias cuadras y para variar le había pasado su número, era esperable esa reacción y no me esperance en recibir su llamado tan rápido. Pero al cabo de dos semanas sonó el tubo del teléfono y una voz bastante aguda pregunto por mí, en un primer momento creía que era alguna operadora pero al cabo de segundos me dijo que era ella. Eufórico respondí que hablaba Julián y desde ese día no hubo retorno. Hablamos un corto tiempo pero este basto para que le pidiera tímidamente vernos, ella tardo unos segundos en responder, en se lapso creí que vendría el rotundo “No, no puedo, tengo novio, él se enojaría” pero para mi sorpresa ella excedió  y quedamos en vernos el miércoles a la salida de mi turno. Me pareció algo peculiar que eligiera el miércoles ya que ella acostumbraba ir todos los miércoles a la librería, intente tomarlo como una casualidad más de la vida. La lleve a un café algo alejado del local, no quería que mis compañeros me vieran con ella, era un hombre de pocas mujeres y al verme con una  sentía que vendrían las preguntas obvias que no deseaba responder. Estaba bastante tranquilo para mi sorpresa que no deseaba que ninguna maraña entrara en mí, sabía y pronosticaba como terminaría esto pero me deje llevar por el impulso de ser Julián, el protagonista de su propia película.
Me sentía algo cansado cuando me encontré con ella, me pregunto sino quería que lo dejáramos para otro momento, respondí que no. Hablamos varias horas, por momentos los silencios eran avasallantes, la podía observar pero su rostro no respondía al que había observado durante tanto tiempo era quizás a que cuando marcaba esas expresiones era por algún libro que leí y sus sonrisas directas a mi yugular eran síntomas de complicidad frente a lo que estaba sumergida. Mire mi taza, como acostumbraba a hacer, y el té cambiaba de color constantemente, ella hablaba de gatos y más gatos y mi taza cambiaba de forma, una y otra vez más gatos, más tazas moviéndose. Cuando levante la mirada estaba en un cuarto algo pequeño pero acogedor, mire a mis costados los muebles eran bastante grandes y mi cercanía con el piso era diminuta. Vi la hendija de la puerta y salí a caminar, sentía bastante temperatura en mi cuerpo pero era marzo y la humedad siempre me había atormentado. Escuche unos pasos acercarse parecía lejanos y me aturdían bastante. “Michi, ¿Dónde estás?”, escuche a lo lejos si entender donde estaba, los muebles no era familiares tampoco me sentía dentro de mi cuerpo algo me estaba nublando la vista. Sueño, sentía mucho sueño, me recosté sobre el piso frío y los pasos comenzaron a ser más y más cercanos.
-¡Con  que acá estabas!- Ella se agacho y me sostuvo como si fuera un animal, acariciaba mi cuerpo que al compás de sus dedos comenzaba a excitarse. Pensé “Esto no puedo estar pasándome, Julián no estás loco”. Ella seguía contorneando sus manos por mi pellejo, el fuego la pasión me llenaban cada vez más
-Vamos que voy a darte de comer, pequeño de mamá- Dijo trasladándome a otro cuarto que pude identificar como la cocina. Me dejo en el piso, acerco un pequeño recipiente con confites que olían a forrajería y otro recipiente del mismo tamaño con agua, observe anonadado y sin entender de que se traba esta locura en la cual me había metido. Di vueltas por la gran cocina oliendo cada rincón, mirando desde una dimensión muy pequeña muebles de cocina, una heladera, una cocina. Me acerque a ella y vi mi reflejo, ahí estaba Julián siendo lo que no quería ser, siendo un personaje más de la locura de una mujer que práctico sobre mi cuerpo uno de los peores hechizos. Yo era ahora un gato, la mascota de alguien, mi cuerpo había tomado forma de algo tierno y adorable que ronroneaba y olía a forrajería. Hasta qué punto llegaba mi locura me preguntaba mientras lamia las que ahora eran mis patas acariciando mis largos bigotes guiadores de nuevas aventuras. Ella volvió y me tomo en sus brazos, esta vez aproveche ser un gato para esconderme entre sus pechos acariciándolos suavemente sintiéndolos de forma maternal y a la vez deseando hacerlos propios. Ronroneaba mientras la excitación ahogaba mi aliento haciéndome rehén de sus gustos, de su locura tan abierta y dispuesta hacerla mía, observando cada segundo ese mentón, el largo cuello que lo unía a su rostro, la nariz fría y aquellas manos que en un canto de cuna me hicieron volver al regazo de mi madre hasta el momento en el que ella estuvo y se fue. Abrí mis ojos y ella me observaba atentamente
-¿Estas bien Julián?- Me preguntó algo asustada.
-Si-Pensé rápidamente que contestar mientras me reponía de aquel placentero viaje- Me quede observando la taza, discúlpame. Ella río a carcajadas  por un largo rato invitándome a reírme de mi mismo. No me importaba la forma que había tomado, había sido un sueño tan patético y placentero. Quería contarle, pero sabía que la respuesta del otro lado iba a ser muy temerosa que decidí callar. Ella seguía riéndose tapando su gran boca con ambas manos, exclamó dando grandes carcajadas:
-Sos un loco Julián, me caes muy bien- Mirándome fijo me trasporto a vaya a saber donde y soñar despierto comenzó a ser algo así como el ronroneo para los gatos.

Hablamos de temas muy diversos, ella tomaba mis pocos dotes para el habla y lo exprimía sintiéndome una gran fruta naranja preparada para cuasi ser jugo. Me cuestione tiempo después no haber recopilado aquellas grandes charlas en mi cabeza, pero como usual no solía retener todo sino aquello que me parecía de importancia lo cual iba repitiendo dentro mío como si se tratase de una canción comercial. No se detenía ni un segundo cuando hablaba de sus pasiones oscuras por el arte, era una mujer creativa y a la vez simple, disfrutaba de cada momento en los cuales esbozaba un gran sonrisa y también de aquellos en los que su cuarto se transformaba en una ruina de amores pasado, lamentos y frustraciones. Ella solía llamarlos “Equilibrios”, raro para alguien como yo que iba de un extremo al otro constantemente, o era felicidad o era tristeza, no había un punto de equilibrio, un gris como me gustaba pensar. Los equilibrios para ella eran ese continium, el pasaje de un estado al otro, el nexo de sentimientos. Ella solía buscar siempre aquel equilibrio fiel a sus convicciones y al alma de revolucionaria que esperaba dentro suyo para salir y derrocar todo aquel discurso impuesto. De todas formas, la moralista forma de amar que tenía la hacía entrar en sus propias contradicciones, el equilibrio aquí dejaba de existir y aquello a lo que ella tanto detestaba se convertía en su caballito de batalla. Alguna que otra vez esbozaba un canto liberal pero ella sabía a ciencia cierta que por debajo bailaba la moral, su peor enemiga. Llegue a conocerla, diría que sus contradicciones fueron las que determinaron  nuestro vinculo, un día quería saltar por un barranco, otro deseaba cantar sobre praderas y los demás acariciar felinos. Si que era una mujer compleja de tratar pero para mí (alguien tan comprensible) no era tema nuevo, sino algo por lo cual me había acostumbrado. Crecí con la indiferencia de mi madre, una mujer estricta y rígida, pocas veces la podía observar reír o verla animada.  Era fuerte, no había nada que la derribara, su coraza era reforzada por su indiferencia que tenía con todos, hasta con su propio hijo. Solo una vez la vi llorar, cuando mi padre se fue y nos dejó. Esa noche comprendí el dolor del abandono materializado en las lágrimas de esa mujer perdida y desechada. Ese día marco como una fecha de celebración en un calendario el comienzo de nuestra forjada relación madre-hijo que siempre estuvo repleta de distantes conversaciones, de intentos rotundos de rearmar un vínculo que ya desde el vientre estuvo envenenado.  Siempre tuve la curiosidad latente de porque mi padre había creído elegirla como su compañera, amiga, amante, mujer como una vez escuche decir una de sus últimos momentos con vida. El falleció cuando yo tenía diecisiete años, fue una muerte algo esperable, ya que durante dos años transite su deterioro, su cuerpo se marchitaba al compás de las estaciones del año. Lo veía irse a cada segundo, cada suspiros, cada trago de café era un adiós yéndose solo como él creía sentirse. El cáncer consumió su cuerpo y con el todo resabio de esperanza hasta dejarlo inmóvil sobre una cama sin apenas poder abrir los ojos. Nuestros últimos momentos las pasábamos en la habitación del hospital, yo solía leerle los guiones que me tocaban interpretar ya que para esa época estaba comenzando a incursionar en las artes dramáticas. Él solo escuchaba u alguna que otra vez mostraba una pequeña mueca de satisfacción, calculo que le enorgullecía el camino que había elegido aunque nunca pude saberlo directamente salir de su boca. Después de su muerte me lleve conmigo esa duda y otras más, su pasividad y su esperanza quedaron en mí y fueron mis compañeras hasta el día de hoy. Él era un hombre pacifico, luchador de sus sueños que nunca lograba llevar acabo pero siempre con la fuerte mirando hacia adelante, quizás sea por él y por mi madre que he heredado la virtud de ser paciente. Nunca pude hablarle a ella sobre mis padres hablar mi madre era describir prácticamente mi relación nula con las mujeres y sentía que serviría como motor para espantarla, mi compleja relación las mujeres era una asignatura pendiente resolver en mi vida. Ellas siempre fueron un motor de inspiración para mis personajes y diría para mi forma oculta y apasionada de amarlas, en secreto las observaba y analizaba todos sus movimientos siendo una especia a mi criterio fantástico pero sin poder acercarme como deseaba. Hundido en mis propios prejuicios transite mi corta vida sin mostrarles quien verdaderamente era, la imagen que construí para ellas fue la de un casi héroe tan poco real para ser cierto, cayendo en mis propias contradicciones de ser una mentira por momentos insostenible. Creo elegí la actuación por aquella facilidad de imaginar y esconderme dentro de esas fantasías resguardándome como si ellas fueran mi gran coraza, la misma coraza que mi madre me enseñó a construir.
 Julián siempre quisiste romperla, ser la cosa misma renunciando a las cuerdas que te sostienen en pie, caminas con miedo despacio de caerte porque sabes perfectamente que el abismo te persigue a casa casillero que avanzas tirando esas cuerdas repletas de pasado podrido que vos mismo construiste. Hoy queres librarte de esto ¿Pero en base a qué?, si solo servís para medir el tiempo, calcularlo y escribirlo dependiendo absolutamente de él para ser esa tonta y patética imagen que creaste. Fundís todos los personajes que aprendiste y le diste voz para hacerlo uno, hacerlos Julián a la imagen y semejanza de lo que no deseas ser. No hay más que decirte y aclararte, perdido te siento Julián, mira a la mujer que tenes frente a tus ojos ¿Te mira raro no?, mira el Julián que le inventaste, observa la imagen irreal de lo que no sos, hablale, contale quien es Julián.

-Te amo- Escupí al mirarla acariciar mis ojos. Ella se detuvo y bajo sus manos, sus ojos marrones se clavaron en mi frente se sentía frío y distante no pude contener las ganas de vomitar aún más lo que sentía. “Aquí estoy” pensé, esto soy y esto deseo ser. Volví a besarla y otra vez sus manos frías acariciaron mi rostro gritando que ya no podía detenerme, el deseo inundaba la carne de aquel Julián que dejaba atrás para no volver a requerirlo. Auténticamente Julián dormido despertó. Creí que soñaba despierto.
Si, es verdad he perdido el entusiasmo. Pero aún guardo un poco de melancolía para esta sátira.

sábado, 8 de agosto de 2015

¿Por qué te has ido de mi?



No estoy pudiendo verbalizar lo que pienso.
Sueño Despierto


Julián y la hendija.

La lluvia lloraba al compás de un buenos aires húmedo, empañadas las ventas, el aroma seco y pesado entraba con prisa por la ventana del balcón y sumergía a Julián en la fantasía oscura de deslizar sus dedos por el cabello platinado de ella. Aquella tarde había recibido quizás la noticia menos esperable, por lo cual perplejo y algo emblanquecido no quiso ir a trabajar, despidiéndose de todo aquel amor que no deseaba dejar ir. Ella fue bastante clara pero Julián no lograba entenderla, marañas daban vueltas cerca de su cabeza buscando una respuesta que suene, para él clara y realista. Había creído ser lo bastante franco y auténtico pero no bastaba pensaba él, algo confuso fue a la cocina a preparar un té y volvió a perder la mirada en la liviana lluvia. Otra vez la humedad le daba la bienvenida pero esta vez por una pequeña ventana, una pequeña hendija que él veía como una paradoja de lo que sentía por ella. A la imagen que él había recreado para ella, él se había sentido una gran ventana y ella había devuelto la misma jugada con una hendija muy pequeña. Eso creía y reafirmaba Julián mientras tomaba el té cada vez más hervido, cada vez más venenoso. Dejo caer sus ojos en la taza, el aroma se volvía fuerte y agrio, el color comenzaba a fundirse en tonalidades verdosas, algunas amarrillas, rojas, negro. El gusto era asqueroso, suicida pensó Julián, tarde ya que sus ojos comenzaron a cerrarse. Mientras lentamente iba cayendo sobre el piso de la cocina, la mente inundada de recuerdos lo dejo dar un último respiro antes de entrar en trance una vez más. Alcanzo estirar el brazo sobre la mesada y con todas sus fuerzas se sostuvo enclenque y confundido. Por dentro Julián no se reconocía, nunca se había encontrado del todo con quien reposaba en su mente. Largos fajones de dinero había depositado en interminables psicólogos pero ninguno lo había asesorado como él necesitaba. Estas cosas recordaba Julián cuando su relación con su madre se desvanecía a cada segundo, cuando recordaba la última imagen de ella en su cocina, en sus múltiples fracasos como actor, en el patético trabajo par time en la librería y en las largas horas que perdía leyendo encontrando su respuesta. Camino hacia la habitación, prendió la luz y vio su absurdo cuarto, en una esquina cama desecha, en el otro la biblioteca, enfrente la venta, sobre ella otra hendija y ahora estaba él mismo viéndose proyectado de la baldosa a la hendija. El amor lo comenzaba a convertir ahora en una hendija, era tiempo de cambiar de forma reía Julián al verse como una de ellas, un ferviente respiro a aquel encierro que ella interpretaba como la vida. La tregua frente a la moralista forma de amar, la hendija dejaba entrar lluvia, sol, humedad, frío, calor y amor; Julián tomaba un trago de un pequeño frasquito color verde y se topaba con Alicia quien sacudía sus brazos señalando la hendija por la cual Julián debía pasar ya en estado diminuto, para poder entrar al mundo de ella. Del otro lado todo era siempre nuevo y sorprendente para julián quien poco a poco había comenzado a acostumbrarse a las desaparecidas figuras de ella, a las llamadas repentinas a las tres de la mañana y sobre todo a la frialdad de sus manos. Convertido en pequeño, julián se sentía más dócil para ser amado, más comprensible diría él pero el caso era que hoy en su película él era un gigante y ella una sombra diminuta. Confesarle que no lo amaba, confesarle sus prioridades, confesarle su egoísmo había aniquilado todo sentido comprensivo y libre de Julián. El era un hombre que conocía bastante bien cuando ella hablaba de su egoísmo, él lo era en definitiva y podía tolerarlo, tal vez no por mucho tiempo, pero él se sentía capaz. Gritos desgarradores volvían a la mente una vez que se vio acostado sobre la cama consumido por el veneno. Por la hendija seguía entrando algo de humedad, la lluvia musicalizaba el recuerdo latente del último intento de decir adiós. Tomo su mano para sentirse un poco más parte de ella, levanto su mirada queriendo buscar la complicidad que los  había unido y otra vez su imagen se fundía en el negro sepulcro del adiós, la puerta blanca se cerraba y Julián se veía sumergido otra vez en el mismo. No había caso, dijo en voz alta Julián, “ya estoy jugado, gracias”, repitió varias veces.
Se despertó algo exaltado, miro su reloj y eran recién las ocho de la noche. Vio por la hendija de la ventana y la lluvia había cesado pero se sentía bastante aroma de tierra mojada y obviamente  la humedad seguí saludándolo desde afuera. Camino al comedor algo mareado por la abrupta siesta dejando sus ojos sobre las baldosa, levanto la mirada y la encontró, ella estaba sentada frente al ventanal fumando un cigarrillo ida completamente sobre el fondo de la ciudad, él podía distinguir su mirada perdida por entre medio de los edificios. Refregó sus ojos de una manera fuerte para poder quitarse esa imagen que creía estar fantaseando, recupero la vista y ella seguí sentada en el mismo lugar sentada fumando con la misma mirada ida. Giro la cabeza y lo observo atentamente
-Hola, perdóname por haber venido sin avisar, toque varias veces el timbre y nadie atendía, entonces- acercándose a Julián- recordé que tenía un juego de llaves y entre.
-¿Para qué viniste?- Pregunto tragando saliva de la forma enérgica que Julián acostumbraba hacer
-Te vi dormir y quise esperar a que te despertaras, necesito que hablemos Julián.
-Ya hablamos bastante- Camino apresurado directo a la mesa, prendiendo un cigarrillo la observo mientras ella se acercaba, sentándose en su regazo lo beso de la forma en que Julián perdía automáticamente sus defensas y la debilidad pasaba a manejar sus sentidos.
-Dijiste que ibas a estar ocupada, no entiendo porque te tomaste la molestia de venir hasta acá y en sima con este clima- acarició su pelo- no me gusta la idea de que te enfermes.
-Hoy es miércoles Julián, sabes que me gusta venir aunque no quieras verme.
Ella tomo su mano y lo condujo a la habitación tomando su rostro y volviéndolo a besar, primero sus labios entregados, luego su cuello. Julián tomo su cintura y se dejó a si mismo ser una vez más la hendija de su vida. Se besaban apretando ambos labios dibujando figuras abstractas, mordiendo la dulce plegaria de un niño que pedía a gritos no ser abandonado una vez más; las manos de Julián modelaban esa piel blanca y fría, como un escultor tallaba cada engranaje del delgado cuerpo que sentía rentado solo por el día de hoy. Cayeron sobre la pista de salida encasillando como un rompecabezas cada pieza de ambos cuerpos, Julián sentía como cada vez más se habría la hendija que lo dejaría penetrarla tanto como la pasión lo llamaba a amarla.

Julián se despertó exaltado abrió rápidamente los ojos y miro a su costado, ella no estaba. Tomo su frente limpiándose el sudor y pensó por dentro que otra vez había creído que su visita  había de ser algo material pero otra vez comenzaba a sentir el frío producto de lo que él llamaba soñar despierto. De todas formas comenzó a buscarla. Camino al comedor, a la cocina, fue al baño, busco en el balcón y ella no estaba. Trepaba las paredes intentando sentir su aroma y nada venía a él. Camino algo conmocionado por la habitación, la cama estaba desecha pero él no solía hacer jamás entonces era tal vez entendible la confusión. Miro por la ventana y el día seguía gris, pero la lluvia había cesado. Tomo un cigarrillo, lo encendió, fumo pequeñas pitadas con la mirada ida entre los edificios intentando recordar si había vivido una fantasía, un sueño o ella nuevamente se había escapado sin dejar advertencias. Fue a la cocina mirando la hora se río, eran las doce de la noche, había dormido todo el día y un mal sueño le había jugado un gran partido dejándolo con demasiadas tentaciones y deseos de tenerla, tomo el teléfono y marco su número, debía confirmar lo que había creído vivir. Marco reiteradas veces y nadie atendió.
Sueño despierto se me esta viniendo encima.